EA ya no quiere juegos como Mass Effect, y el cierre de BioWare lo deja por escrito
Lo más revelador del cierre de BioWare no es el estudio que desaparece, sino la lista de lo que se queda. Electronic Arts ha decidido cerrar el estudio canadiense fundado en 1995 y, con él, dar carpetazo al próximo Mass Effect, en una ronda de despidos que afecta a unas 400 personas, en torno al 3 % de la plantilla total. Los datos de la carta interna dicen más de la estrategia que cualquier comunicado.
La cuenta oficial de BioWare confirmó el cierre con un mensaje en redes sociales en el que agradecía su trabajo a quienes han pasado por el estudio y el apoyo de los jugadores. No daba razones. Las razones, o lo más parecido a ellas, están en la carta que David Tinson, uno de los máximos responsables de EA, envió a toda la plantilla y que adelantó Jason Schreier, de Bloomberg: el resultado, según Tinson, de «analizar detenidamente nuestro negocio durante los últimos meses».
Lo que EA decide conservar
En esa misma carta, EA dice que concentrará sus esfuerzos en las áreas con potencial de crecimiento a largo plazo: los juegos deportivos, con EA Sports FC a la cabeza; las aventuras de acción, como el próximo Star Wars Jedi o el nuevo juego de Iron Man; y los juegos con componente de servicio, como Apex Legends y la saga Battlefield. Respawn y DICE colaborarán además en un nuevo proyecto que, según apunta Schreier, podría ser una nueva entrega de Star Wars: Battlefront.
El patrón es nítido. Sobreviven las franquicias de rendimiento previsible y los juegos que se alimentan de una base de jugadores constante. Caen un Mass Effect en desarrollo y una entrega relacionada con Los Sims, aunque otro proyecto de la saga, Project Evergreen, sigue adelante. Skate también continúa, pero Full Circle, el estudio que lo hace, sufre recortes y reduce su plantilla.
El momento tampoco es casual. Los despidos llegan apenas un par de meses después de que EA dejara de cotizar y pasara a ser privada, tras una compra de 55.000 millones de dólares a cargo de PIF, el fondo soberano de Arabia Saudí, junto con Silver Lake y Affinity Partners. Que el primer gran recorte llegue tan pronto no prueba una relación de causa y efecto, pero sí encaja con lo que suele esperarse de un nuevo propietario que quiere ordenar la casa.
Lo que se pierde
BioWare se dio a conocer con Baldur's Gate (la tercera entrega, de 2023, ya fue obra de Larian). Después vinieron Baldur's Gate II, Neverwinter Nights, Star Wars: Knights of the Old Republic y Jade Empire, antes de que Mass Effect y Dragon Age se convirtieran en sagas icónicas de la ciencia ficción y la fantasía.
Los últimos años no fueron fáciles. Anthem fue un tropiezo que marcó buena parte del futuro del estudio, y Dragon Age: The Veilguard no logró el éxito comercial esperado, tras lo cual EA redujo drásticamente su tamaño. El desarrollo del próximo Mass Effect seguía adelante, y Schreier había informado de que el equipo trabajaba en exclusiva en él. Hoy ha quedado cancelado.
Sería injusto leerlo solo como el castigo a dos juegos que no cumplieron. Un estudio con tres décadas, dos sagas de culto y un equipo ya reducido a un único proyecto no cierra por un mal trimestre; cierra porque, en el balance de EA, esa clase de juego ha dejado de encajar. Es una decisión coherente con la carta, y también una pérdida difícil de compensar con otro Battlefield.
La noticia se suma a otros recortes del sector: Xbox prepara tres rondas más de despidos entre octubre y enero hasta llegar a los 3.200 previstos, según Fortune. El patrón es el mismo, y la factura la pagan los equipos que hacían los juegos que no se parecen a ningún otro.

